Ninguno de nosotros había visto a las abejas volar de noche y, mucho menos, ir hacia la luz. Polillas y mosquitos, por supuesto, pero ¿abejas? Después de varias consultas en internet, decidimos llenar unas cucharas de agua, dejarlas en el suelo para que pudieran beber y apagar las luces.

Después de leer algo más al respecto, he aprendido que el calor puede someter a las abejas a un estrés considerable. Los huevos y las larvas que depositan en las profundidades del nido pueden debilitarse o morir por el exceso de calor, la fertilidad de la reina puede disminuir y la cera del panal puede reblandecerse y derretirse. Además, las abejas son más vulnerables a las enfermedades y la colonia puede disponer de menos tiempo y recursos para recolectar alimento.
Las abejas sometidas a estrés térmico cuentan con varias estrategias de refrigeración: abanican las alas para introducir aire fresco en el nido, recogen agua y la reparten por el nido para conseguir un efecto de refrigeración por evaporación, y se colocan como escudos entre el caluroso exterior y el interior, más vulnerable. En ocasiones, salen del nido y se apelotonan a su alrededor creando una especie de cubierta protectora, lo que podría explicar por qué estaban fuera aquellas noches.
Al día siguiente vimos que había un nido en el tejado de la casa rural. Algunos insectos como las abejas se orientan a través de las fuentes de luz que provienen de una altura superior, como el sol o la luna. Si se ven obligadas a salir por la noche y ven luces en alturas inferiores a ellas (como los faroles que teníamos en las mesas), podrían desorientarse y tener dificultades para encontrar el nido. Puede que nuestra luz también perturbara el descanso de las abejas que estaban en el interior.
El cambio climático como motor de pérdida de biodiversidad
Al leer más sobre cómo las abejas se han visto afectadas por una ola de calor probablemente agravada por el cambio climático, no he podido dejar de pensar en que el cambio climático es uno de los cinco motores principales de la pérdida de biodiversidad. Algunos científicos prevén que, a lo largo del siglo, llegará a superar al cambio en el uso del suelo como factor principal. El cambio climático está provocando olas de calor, incendios forestales, sequías y tormentas más frecuentes y más graves. Además, está redibujando los hábitats al modificar los límites geográficos y los patrones estacionales, lo que provoca la extinción local de especies y amenaza la integridad de los ecosistemas. Estudios preliminares prevén que, incluso en escenarios climáticos intermedios, podrían extinguirse entre 3 y 6 millones de especies animales y vegetales en los próximos cincuenta años.
La industria de los combustibles fósiles perjudica la biodiversidad de muy diversas maneras
Es fundamental que abandonemos progresivamente los combustibles fósiles para evitar que el clima supere los límites habitables tanto para las personas como para los ecosistemas, ya que cerca del 68 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero proceden de los combustibles fósiles. Aun así, el cambio climático no es la única razón por la que científicos y organizaciones conservacionistas reclaman una transformación urgente de nuestro sistema energético que nos aleje de los combustibles fósiles y evite así un episodio de extinción masiva. Por ejemplo, el desarrollo de infraestructuras para explotar los combustibles fósiles puede destruir y fragmentar los hábitats de la fauna silvestre, además de generar contaminación atmosférica, del agua, acústica y lumínica. Estas infraestructuras también pueden provocar vertidos de petróleo, con efectos negativos duraderos sobre los ecosistemas.
Del mismo modo, numerosos compuestos sintéticos, entre ellos pesticidas y plásticos, tienen su origen en la industria petroquímica. Pesticidas como los neonicotinoides, por ejemplo, pueden afectar a especies distintas de las que se pretende combatir, reduciendo las poblaciones de abejas, aves y animales acuáticos. Los plásticos añaden una capa adicional a todo este daño: se calcula que entre 19–23 millones de toneladas métricas —unos 2,5-3 kg de plástico por habitante— acaban cada año en ríos, lagos y océanos, perjudicando a los animales por ingestión, enredo, toxicidad y propagación de patógenos, mientras que en tierra existen riesgos similares.
Abandonar su financiación, pieza clave para frenar la pérdida de biodiversidad
Por desgracia, la financiación bancaria de los combustibles fósiles es cada vez mayor. El año pasado, los 65 mayores bancos del mundo —muchos de ellos con estrategias de sostenibilidad ambiental publicadas— destinaron 906.000 millones de dólares a empresas de combustibles fósiles. De esa cantidad, 508.000 millones se destinaron a compañías que están ampliando su actividad en combustibles fósiles, por ejemplo mediante la construcción de nuevas plataformas petrolíferas. Este tipo de financiación consolida la infraestructura fósil y dificulta transiciones a largo plazo que son fundamentales, por ejemplo, en los sistemas alimentario y energético.

Las energías renovables también pueden afectar a la biodiversidad, sobre todo cuando se construyen grandes parques solares o eólicos en zonas sensibles. Sin embargo, estos riesgos pueden mitigarse incorporando medidas de protección en los proyectos. Además, la adopción de sistemas distribuidos —como la energía solar en tejados, el almacenamiento energético y las microrredes— pueden reducir la presión sobre los ecosistemas al tiempo que refuerzan su resiliencia. Más allá de cambiar la forma en que producimos la energía, también debemos reducir el consumo.
Después de ver (y leer) cómo responden las abejas al estrés térmico, tengo una cosa muy clara: para hacer frente a la pérdida de biodiversidad hay que abordar también la economía fósil que está calentando el planeta y degradando los ecosistemas. Las estrategias de financiación de la biodiversidad de gobiernos e instituciones financieras deben incluir una hoja de ruta clara sobre cómo abandonar los combustibles fósiles. De lo contrario, no son creíbles.
Pjotr Tjallema es investigador de Triodos Bank en el área de sostenibilidad y trabaja para reforzar la conexión entre los flujos de financiación y su impacto en el mundo real. Sus esfuerzos se centran en el sistema alimentario, la naturaleza y la biodiversidad. Este artículo se publicó originalmente el 6 de agosto de 2026 en Triodos.com

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